Cuestiones políticas de la cadena de bloques con el congresista Patrick McHenry

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By Alex Speirs Published: febrero 24, 2021
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En el primer episodio de la nueva serie de vídeos en línea Cuestiones políticas de la cadena de bloques, la Bitcoin Association dialoga con Patrick McHenry, congresista por el 10.º distrito de Carolina del Norte y líder republicano del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, sobre cómo afecta el panorama político actual a las monedas digitales, su visión personal del futuro de las finanzas y cómo ve la tecnología de la cadena de bloques como un factor positivo para la inclusión financiera.

Ahora que la equidad financiera y las monedas digitales son la comidilla en Washington D.C., el congresista de Carolina del Norte, Patrick McHenry, se ha convertido en el centro de todas las miradas a pocas semanas del 117.º Congreso de los Estados Unidos. McHenry, firme defensor de la tecnología de la cadena de bloques y de las monedas digitales, es una de las voces más reconocidas del cada vez más numeroso grupo de líderes del Congreso que abogan por la adopción de esta tecnología. Su papel como líder republicano de la Comisión de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes le permite asistir en primera fila a los entresijos del funcionamiento de la economía de los Estados Unidos, lo que le proporciona un punto de vista privilegiado a la hora de evaluar sus obvias deficiencias e identificar posibilidades de innovación.

“Aquí, en los Estados Unidos, pagamos más por el movimiento de fondos que en el resto del mundo. La razón es obviamente el lucro, pero lo que necesitamos es una acción que permita una mayor competencia en el intercambio [y] el movimiento de dinero”, le explicó McHenry a la Bitcoin Association.

“Estamos viendo los beneficios que aporta la digitalización mediante la tecnología a toda la sociedad. Básicamente, en vez de tener a una persona que tome las decisiones, dejamos que la tecnología lo haga de forma rápida y eficaz. Una vez que esa tecnología se pone en marcha, el ahorro de costes es enorme”.

“Si combinamos ambas cosas (un mercado competitivo donde mover el dinero y llevar a cabo la digitalización), podemos ver cómo esto hará que los pequeños intercambios de efectivo y de valor sean muy asequibles y competitivos. Eso es lo que me parece interesante. Lo interesante no es el movimiento de un millón de dólares entre instituciones; es que yo te pueda dar a ti 25 centavos”.

McHenry se apresuró a reconocer que, desde el punto de vista técnico, la tecnología para habilitar micropagos ya existe en la actualidad, pero señaló que la naturaleza dispar y la escasa interoperabilidad de las soluciones existentes, unida a una experiencia de usuario que suele resultar difícil y complicada, se traduce en importantes barreras para su adopción por parte de los usuarios habituales. Este es un factor que, según él, está frenando el sector en general.

“En lo que no podemos pensar es en el mundo de los pagos digitales dentro de una década, porque todo lo que contemplamos es la torpeza actual”, aseguró McHenry.

“Hablamos de una visión totalmente diferente y fundamentalmente basada en la tecnología. Puede que no seas capaz de verla o sentirla, pero experimentarás sus resultados positivos en el futuro”.

Sin embargo, las perspectivas de innovación de McHenry en este terreno no se limitan a los pagos en el sentido tradicional, ya que considera que las aplicaciones de esta tecnología van mucho más allá y se entrelazan con otros aspectos de nuestra economía global, cada vez más digitalizada.

“El primer paso sería monetizar de verdad la Internet y hacer que esta sea realmente la Internet del dinero”, explicó McHenry.

“El Bitcoin es ese paso que nos va a permitir convertir el intercambio de datos en un intercambio de datos por valor. Creo que es una gran oportunidad para conectar datos y valor comercial”.

La visión de McHenry de un brillante futuro basado en el Bitcoin resultará familiar para muchos miembros de la comunidad de activos digitales, pero es muy poco habitual que sea un legislador de alto nivel quien la enuncie. Mientras la mayoría de los representantes del Congreso apenas son capaces de distinguir un registro distribuido de una moneda digital, el legislador de Carolina del Norte trabaja intensamente para conceptualizar la próxima evolución de esta tecnología y los beneficios que puede aportar.

“Imagínate que estuviésemos hablando de una transacción muy pequeña, quizás para leer un artículo o para que un coche sin conductor le pida a otro que le deje pasar. Hay un montón de posibilidades prácticamente ilimitadas para el uso de la tecnología de la cadena de bloques”, explicó McHenry.

“Aquí hay potencial para conectar tu vida diaria con tal vez docenas o cientos de transacciones. Creo que ese es el mundo del futuro, en el que miles de estas pequeñas transacciones podrían facilitar tu vida de forma más fluida”.

 

Política

El desarrollo de una innovadora tecnología que cambie el mundo es solo una parte de esta ecuación. La aceptación y la adopción (tanto por parte de la población en general como de los legisladores encargados de establecer las reglas del juego) puede ser igual de difícil, o incluso más, sobre todo para las ideas más nuevas o poco definidas.

“La reacción inicial de Washington es reclamar que todo se ajuste al régimen normativo existente, que no está realmente a la altura de la tecnología del Bitcoin o de un registro distribuido”, aseguró McHenry.

“El [Bitcoin] no es ni una mercancía ni un valor, no encaja bien en ninguna de esas dos categorías. De hecho, resulta muy difícil pensar en ello desde los dos planos de pensamiento que tenemos en Washington. Se trata de una forma de pensar totalmente nueva, a la que es muy difícil que Washington se adapte en el mejor de los casos. Y Washington no está ahora mismo en el mejor de los casos”.

Para McHenry, lograr que los legisladores comprendan mejor el potencial de la tecnología de la cadena de bloques y los beneficios que esta puede ofrecer a la sociedad es un primer paso esencial, no solo por cómo esto puede traducirse en una respuesta reguladora positiva por parte de los legisladores, sino también por cómo puede garantizar que la desinformación o los malentendidos no lleguen al proceso de elaboración de políticas.

“La educación tiene que ser el motor principal. La mayoría de los responsables políticos no están bien informados ni tan siquiera sobre los fundamentos de las criptomonedas y la tecnología de la cadena de bloques, así que necesitamos mejorar ese nivel básico de formación para poder avanzar desde esa plataforma”, asegura McHenry.

“Ahora mismo, ese nivel básico de formación de los responsables políticos es muy importante, ya que lo último que necesitamos es que Washington o los estados restrinjan, descarten o traten de eliminar esta clase de avances tecnológicos”.

McHenry se mostró realista respecto a los retos y obstáculos que se avecinan para el avance de una política positiva en el terreno de la cadena de bloques y las monedas digitales a nivel federal, pero mantuvo su optimismo sobre la capacidad de los estados individuales para tomar la iniciativa en la promulgación de normas y reglamentos sensatos en el marco de sus propias jurisdicciones.

“A nivel estatal, hemos visto diferentes formas de adoptar la tecnología del registro distribuido y aceptar criptomonedas como el Bitcoin. Creo que eso se acabará traduciendo en que los responsables políticos de Washington lo entiendan mejor”, afirmó McHenry.

“Nueva York no es lo que yo llamaría un estado de regulación financiera ‘flexible’, y sin embargo allí tienen una mejor consideración hacia las criptomonedas. Es alentador que, aun teniendo lo que yo consideraría un conjunto complicado de regulaciones financieras, sean capaces de entenderlo en un marco de innovación”.

Aunque McHenry alabó la consideración por parte de los legisladores del estado de Nueva York, se apresuró a advertir de los peligros de un exceso de entusiasmo a la hora de impulsar una legislación que podría afectar a la innovación en este ámbito.

“No creo que tengamos que usar un marco más complicado para las criptomonedas y su adopción. No creo que sea ni necesario ni adecuado”, aseguró.

“Creo que eso podría reprimir tanto la innovación como la adopción y la recaudación de fondos para incorporar estas tecnologías aquí en los Estados Unidos”.

McHenry señaló la cuestión de la capitalización como una de sus dos prioridades legislativas para las monedas digitales de cara a la actual sesión del Congreso.

“Tenemos que basarnos en lo que la Comisión del Mercado de Valores ha establecido en sus indicaciones para que el dinero legítimo llegue al desarrollo y a la capacidad de desplegar nuevas criptomonedas e innovaciones”, explicó McHenry.

“Tenemos que basarnos en eso a nivel legislativo para que pueda haber un mayor flujo de dólares legítimos hacia esta tecnología y hacia el desarrollo de la misma”.

Para McHenry, resulta igualmente importante el componente fiscal (una fuente constante de confusión para todo el sector), ya que los legisladores siguen lidiando con las dificultades que conlleva aplicar un régimen fiscal para los activos digitales que sea justo y eficaz y que reconozca los diversos matices de unos instrumentos que, a día de hoy, no encajan bien en ningún ámbito fiscal preestablecido.

“El Servicio de Impuestos Internos (IRS por sus siglas en inglés) considera que quienes poseen criptomonedas son puros especuladores y que no hay ninguna aplicación práctica para estas tecnologías. Esa es la norma por defecto para el IRS, que básicamente dice que todo el mundo está ganando millones y miles de millones de dólares con esto, lo cual no es cierto”, explicó McHenry.

“Para que estos activos se implementen de forma masiva hay que democratizar su tenencia, y las normas del IRS se oponen bastante a ello. Por eso creo que tenemos que hacer las cosas bien, para que se puedan poseer [monedas digitales] cuyo valor se acumule como un tercer supuesto diferente de los ingresos y las ganancias de capital. Debemos contar con un amplio conjunto de normas mínimas para que se pueda tenerlas, usarlas para comprar y vender cosas e implementarlas de forma masiva”.

“Vamos a tener un conjunto de regulaciones fiscales rigurosas en torno a esta nueva tecnología, porque el Servicio de Impuestos Internos ve su volatilidad y, por ello, tanto este como Washington en general ven la oportunidad de enriquecer las arcas del tesoro federal. Así que creo que tenemos que hacer muy bien la parte de los impuestos”.

 

Administración Pública

La formulación de políticas y la promulgación de leyes que equilibren eficazmente los beneficios de la tecnología de la cadena de bloques con la necesidad de regular a todos los actores y entidades involucradas en ella parece estar sujeta a una lucha constante en Washington. Antes de extender un largo brazo regulador sobre las aplicaciones del sector privado de la tecnología de la cadena de bloques, McHenry instó a sus colegas legisladores a echar un vistazo a los sistemas de información y a la tecnología de la que ellos mismos dependen.

“El gobierno federal está muy atrasado, no se ha puesto al día con las API y, además, hemos visto un enorme número de infracciones relativas a datos en el ámbito federal”, declaró.

“El gobierno federal tiene la intención de seguir utilizando sistemas realmente toscos y obsoletos, cuando debería avanzar drásticamente para proteger esa tentadora cantidad de datos e información. Creo que la tecnología de la cadena de bloques sería muy adecuada para el mantenimiento de nuestros registros federales, pero va a hacer falta bastante tiempo para implementarla”.

En una línea similar a lo que opina respecto al avance de la posición legislativa y reglamentaria de los activos digitales, McHenry cree que un enfoque de los sistemas de información en la administración pública basado en la cadena de bloques tendría que ser impulsado a nivel estatal antes de ganar terreno a nivel federal.

“A nivel estatal, creo que veremos [una utilización de la tecnología de la cadena de bloques] para el registro de información muy básica en condados y estados. Hablamos de piezas de información social muy básicas, como la compraventa de una casa o un coche, que los organismos públicos hacen muy bien en conservar y seguir y que se trasladarán a una especie de registro público”, explicó McHenry.

“Creo que iremos viendo cómo algunos estados adoptan este tipo de medidas. Primero serán entre tres y cinco estados y luego serán 40, pero tomará un tiempo para conseguir que los responsables políticos y los funcionarios electos se acostumbren a esto y vean las enormes ventajas y el tremendo ahorro de costes que supondrá año tras año una vez que se implante”.

Carolina del Norte, el estado natal de McHenry, se ha dado prisa en recibir con los brazos abiertos el gran potencial de la tecnología de la cadena de bloques y ya cuenta con un grupo de trabajo dedicado a explorar las posibilidades del despliegue de “la tecnología de la cadena de bloques, los activos virtuales, los contratos inteligentes y los tokens digitales” dentro del aparato estatal.

“[Carolina del Norte] quiere ser líder a la hora de aplicar la tecnología de la cadena de bloques en su estructura gubernamental y permitirle a la gente un acceso libre a sus datos”, explicó McHenry.

“Creo que es una gran oportunidad a nivel estatal y pienso que va a ser el gran motor de los Estados Unidos para que los responsables políticos federales se pongan al día”.

 

Previsiones

McHenry afronta su noveno mandato en el Congreso con una agenda política cuyo objetivo es avanzar en la innovación responsable con la cadena de bloques y las monedas digitales, enfoque que se sustenta en una apreciación personal de las posibilidades que la tecnología financiera puede abrir.

“Tuve ocasión de ver los beneficios de la tecnología financiera en el negocio que mi padre puso en marcha en nuestro patio trasero”, explicó.

“El segundo equipo que compró fue un MasterCharge, la más flamante innovación tecnológica financiera en su día. Aquella MasterCharge, que hoy en día es MasterCard, supuso un gran impulso para que él pudiera abrir un negocio y para que mis dos hermanos, mis dos hermanas y yo mismo pudiéramos ir a la universidad”.

Esa experiencia de primera mano ha desempeñado sin duda para McHenry un importante papel en la configuración de su punto de vista y sus posturas a lo largo de su carrera política, cuyo sello es evidente en sus prioridades de cara a la actual sesión del Congreso.

“Veo los enormes beneficios que la transformación tecnológica va a suponer para los empresarios y el público en general”, aseguró.

“Democratizar el capital e impulsar la innovación son mis dos principales objetivos, y creo que ambos están bastante relacionados. En eso es en lo que me centro, ya que creo que gracias a ello tendremos una mayor inclusión financiera”.